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“2GB/40MIN” Jonay PMatos / Daniel Rietti Perdomo

Publicado el 30 julio, 2015 por Cristina Anglada

 

<<El arte es una de las herramientas posibles para el pensamiento divergente. Quizás no sólo sea posible que todo el mundo pueda realizar una obra plástica, „en cada hombre un artista“ como decía Joseph Beuys, sino que posiblemente esto sea deseable.

Si las divisiones entre „alta“ y „baja“ cultura hace tiempo que se han desdibujado para dar paso a la nueva disciplina de los „estudios culturales“, entrar a estudiar la historia de las imágenes o „los fantasmas para adultos“ y su superviviencia como los llamara Aby Warburg, habría que atender con mayor esfuerzo al imaginario visual e ideológico con el que convivimos y se manifiesta en las creaciones visuales contemporáneas. La obra de arte manifiesta de manera sintomática las ansiedades de la sociedad del momento, como punta de lanza o el superlativo de la cultura visual tardomoderna. Las artes visuales de hoy en día conforman una cosmograma de la iconografía y mitología contemporánea.

A su vez, el arte urbano, localizado en un territorio progresivamente más privatizado y absolutamente politizado, quizás ya no se pueda diferenciar tanto del arte de salón. Esto nos traería la idea de una burguesía expandida, que ocupa -física y conceptualmente- el espacio dedicado al supuesto „bien común“.
El arte urbano, con su „democracia“ creativa y de soportes, aportó también frescura al dibujo, que pudo escaparse de las categorías clásicas y en muchos casos dejar de ser márginal, kitsch o naíf.

Los artistas Jonay PMatos (Gran Canaria, 1981, residente en Madrid) y Daniel Rietti Perdomo (Gran Canaria, 1991, residente en Barcelona) trabajan la imagen desde un contexto creativo urbanita y post-internet. Su obra y sus intereses surfean por el hipertexto en el que se han convertido gran parte de las narraciones contemporáneas, tanto en las ciudades como en la red, heredera, sintomáticamente, de la cultura del link. Quizás otra forma de empoderamiento creativo, el artista como usuario o „prosumidor“. Esto es, el consumidor convertido a su vez en productor de contenido, como sucede en las redes sociales, por ejemplo con los bloggers, tuiteros y youtubers, o en las paredes de las ciudades con las comunidades de grafiteros.

 

La instalación que presentan en exclusiva Jonay PMatos y Daniel Rietti Perdomo, „2GB/40MIN“, combina varios de sus trabajos individuales sobre diferentes soportes que dialogan en esta ocasión entre ellos, haciendo alusión desde el título a los medios de almacenamiento y exportación de datos digitales, los nuevos medios tecnológicos de la memoria. Tales medios reconvierten la experiencia subjetiva de la memoria, el acto de recordar, en una cuestión espacial: lo que cabe en 2Gb o en 40 minutos de grabación. Que a su vez forman archivos, buenos para al organización pero alejados del ejercicio intelectual y físico de traer de vuelta al presente las experiencias del pasado.

 

Si „ninguna imagen es inocente“, como nos advierte Regis Debray, entonces todos nosotros, habitantes del mundo de la imagen, somos también responsables de ellas.>>

 

Arístides Santana
Praga, Junio 2015

 

 


WRITTEN BY ME

 

LA PROVINCIA. 4 de marzo 2017 (ESPAÑA)

Sagrada obscenidad

No encuentro ocasión más acertada que la gala Drag Queen de este año para comenzar a destapar el primer concepto y posiblemente el más preocupante, el cual alumbra las grietas mediante las que se filtran infinidad de opiniones que tratan de hacer camino hacia una absurda y única verdad: la humanidad, siempre desmintiéndose.

 

A menudo tenemos en boca el mundo creyendo que existe alguna unidad, cuando el auténtico valor se basa en la coexistencia de varios mundos, próximos en apariencia aunque extraños entre sí, en ocasiones separados por distancias inconmensurables. Aunque dichos mundos se repelen, la pasada noche del lunes 27 de febrero nos mostró que la incompatibilidad puede estar presente en un mismo ser. Drag Sethlas, en un más que obvio salto provocador, llevó a cabo su show saliendo a escena personificada como figura virginal que posteriormente muta a crucifixión, donde la fiesta y la gestación grotesca más enraizada al carnaval abducen la transformación y la hacen funcionar más allá de lo subjetivo abriendo el provocador debate.

 

Esta obviedad que tanto revuelo está generando puede estar asociada a la reivindicación de asuntos aún pendientes por resolver, dejando de lado la militancia transgénero y a través de la experiencia estética desde el montaje físico acompañado por la sátira. Quizá deberíamos generar un debate más útil para despojarnos de un letargo impregnado, el gesto político implícito en este travestismo que incluye un cambio de actitud, aún desconocido socialmente y por lo tanto discriminado, algo más que comprensible en una sociedad gestada bajo la imposición heteropatriarcal, donde las presentes fiestas son el caldo idóneo y más que propicio para ser caricaturizado.

 

Si hay algo que asociamos siempre a la experiencia festiva, es que se rechaza el aislamiento de unos hacia otros. La fiesta es comunidad, presentación y re-presentación de la colectividad en su forma más completa, y porque no, más compleja, ya que se contradice cuando la celebración no siempre lo es para todos. Más allá de las contradicciones, diría que la principal transgresión presente, apartando las propias imágenes, se da en no saber celebrar. Una costumbre que bien ejecutada es un arte, debido a su similitud en la experiencia tanto de contemplar como de crear una obra.

 

Desde tiempos arcanos, lo carnavalesco, que representa una de las más poderosas expresiones de lo grotesco, se adueñó del imaginario popular. Esto provocó la risa estridente e “indecente” por su burla y subversión de las convenciones sociales y las jerarquías sociales. El discurso entre alta y baja cultura es uno de los principales pilares que lo sustentan, lo carnavalesco es mofa, y en ello esta la raíz de su vitalidad. Además de sus estrechos lazos con la protesta pública que históricamente confronta históricos conflictos éticos y sociales, se sirve de una estética que queda en ocasiones des-canonizada.

 

Es en artistas como Brueghel el Viejo o El Bosco entre otros, donde emerge la larga tradición del género grotesco-festivo en la que queda atrás el sentimiento de culpa que conduce de lo divino al infierno como trauma. El Carnaval es una festividad que precede a la estación de expiación de la Cuaresma, justo antes de Pascua. Por lo tanto, cada vez me encaja más la representación llevada a cabo en el escenario del Parque Santa Catalina por la Drag ganadora ya que el Carnaval es una variante festiva peculiar de la Cristiandad. Es cierto que aunque muchas de sus costumbres tienen su origen referencia a tradiciones festivas más antiguas relacionadas con viejas prácticas agrícolas o pastoriles. Pero todas ellas se integraron en las doctrinas cristianas desde hace siglos, quizás demasiado como para asumir mayor publicidad. Si tenemos en cuenta que la etimología de Carnaval es carne vale, en alusión a la prohibición a los apetitos de la misma durante la Cuaresma, sabemos de sobra que estos tabúes se han transgredido con éxito en una festividad que presume de ello.

 

El obispo de Canarias usaba en su carta anatemizante, de manera cuanto menos singular, una de tantas frases que funcionaba como intervención en el espacio público, y que componía —mejor o peor— el paisaje urbano de la entrada a la capital, por la zona norte, que decía “SIN DIOS, NADA ES VERDAD. TODO VALE”. Esta invocación a la pintada funcionaba como estandarte, bastante acertado, por cierto, en el contexto de la polémica. Aunque contradictorio, por la propia naturaleza en la que se gesta el mensaje al ahondar en la relación entre el universo underground (siendo tiempo atrás el Carnaval puro teatro errabundo), que estrecha lazos con la fiesta, el mundo trans propio de la subcultura y la teoría Queer es la esencia de dicho festejo y ha sido engendrada en el mismo caldo de cultivo callejero y de naturaleza marginal.

Drag Sethlas, más que representar, encarnó personajes divinos mediante los cuales consiguió sembrar la fácil, aunque gratificante, discordia haciendo afirmar al mismísimo Monseñor Cases obispo de Canarias, que la gala Drag y la actuación de los ciudadanos blasfemos, ha ocupado el top 1 en cuanto a sus días tristes vividos desde que se sentó en su trono episcopal canario, quitándole este primer puesto al trágico accidente aéreo de Barajas con destino Gran Canaria, algo por lo que posteriormente se disculpó. Buen momento para predicar con el ejemplo.

Entonces, el principal motivo de escándalo radica en la propia transgresión de la imagen. Una aventura compleja, e incluso contradictoria, donde la tensión se mantiene eterna entre el placer de la separación y el gozo de la fusión. Cuando el bando sacro es representado durante unos instantes por el contexto, la polémica, y la figura renegada, la propia Drag. El pueblo es juzgado bajo un mismo mazo, cuando obviamente no todo el venera a un mismo icono. Debe existir respeto mutuo y una tolerancia —por llamarla de alguna forma— a semejante provocación de gatillo fácil, sobre todo si obviamos la controversia más que digerida que brota entre la Iglesia y este tipo de espectáculos de carácter TRANSgresor que en esta ocasión apenas rozó ligeramente lo abyecto, que aunque muchos den por sentado, no siempre son llevados a cabo únicamente por personas pertenecientes al colectivo LGBT. Una de tantas polémicas febriles que sigue funcionando como casposa y aburrida distracción mediática.

La vieja historia sobre el icono y el ídolo; la retransmisión de la gala Drag ha tenido gran poder como imagen mediática a nivel insular, nacional y hasta internacional, un poder que por definición posee su propia estructura crítica, es decir, una estructura de crisis. Procede de una energía ansiosa que vuelve a poner en juego la pulsión de un retorno a las tinieblas fusionales o el vivo impulso de un riesgo que corre con las visibilidades que podemos compartir con el resto de las personas. En otras palabras, la procedencia de la imagen cuando es producida es de carácter pulsional, entendida como energía intencionada. A nosotros como individuos corresponde hacernos cargo del destino político de las acciones en su movimiento de desligarse de la controversia, entendiendo desligar como todo aquello que se resiste a algo que lo determine.

Esto es parte del precio hacia la utópica libertad individual, algo cada vez más lejano debido a la creciente insatisfacción comunitaria dada por la contradictoria capacidad de nuestra sociedad para satisfacer nuestras necesidades. Cito a Odo Marquard “Cuando los progresos culturales son realmente un éxito y eliminan el mal, raramente despiertan entusiasmo. Más bien se dan por supuestos, y la atención se centra en los males que continúan existiendo. Así actúa la ley de la importancia creciente de las sobras: cuanta más negatividad desaparece de la realidad, más irrita la negatividad que queda, justamente porque disminuye...” Concluyo con la negación y el valor que adquiere la nueva implicación sobre lo negado. Recordemos que así surgió algo desconocido y desconcertante para el ser humano. Algo que ya no era simple naturaleza, sino una naturaleza transfigurada, lo sagrado.

LA PROVINCIA.  12 de noviembre 2016 (ESPAÑA)

un título para Juan Hidalgo

La visión de Nueva Vanguardia del artista grancanario y su relevancia como uno de los principales introductores del conceptualismo en España, se hizo eco de nuevo ayer, viernes 11 de noviembre, cuando el Ministerio de Cultura entregó el Premio Nacional de Artes Plásticas 2016 al artista Juan Hidalgo (Las Palmas, 1927), proporcionándole 30.000 euros y el merecido reconocimiento por su amplia trayectoria artística transdisciplinar y su sustancial aportación al panorama del arte contemporáneo nacional. Una mención nunca tardía para alguien, que como Hidalgo, ha impuesto con calmada elegancia/arrogancia las expresiones mas radicales de manera vanguardista, atravesando la compleja línea que disuelve la frontera entre arte y vida.

 

Hidalgo, compositor del discurso moderno influenciado por Duchamp, creador de frecuencias abstraídas de John Cage y primigenio en la composición electroacústica, se convirtió en agudo fundador del colectivo Zaj (1964), agrupación que junto con Walter Marchetti y Ramon Barcé marcaría un antes y un después en la conglomeración de la práctica y la concepción de lo que aunque reciba calificaciones tales como neodada, fluxus, happening y derivación a posicionamientos trascendentales, el desarrollo de su prolífica actividad es algo inclasificable para mostrar el impulso con el cual ha dotado al circuito cultural español, al que buena falta siempre suele hacerle.

 

Autor "instaurador de la discursividad", como podría denominarlo Foucault, con una obra que no consiste meramente en generar un canon, ni establecer una serie de generalidades, las cuales podrían ser modificadas, sino que más bien abren un mundo de posibles aplicaciones, un discurso que es siempre heterogéneo con respecto a sus futuras modificaciones. La "intermedialidad" y su naturaleza performativa con la que se abrió paso, dotó entonces a los actos Zaj de internacionalidad, algo enormemente atractivo para una juventud que en comuna participaban en eventos en los cuales la lógica escapaba a lo establecido por el mundo en el que se encontraban, - algo aún perfectamente vigente -, teniendo en cuenta, por supuesto, que lo lúdico de dichas acciones llevadas a cabo por el grupo tenían una fisionomía muy distinta bajo la dictadura.

 

Juan Hidalgo tanto con Zaj como sin él, busca la provocación, pero sin ser esto su razón de ser, como ocurre bien con el Dadá o con Fluxus. Su aportación es intensamente política pero no politizada en sus inicios. Al aparecer el objeto artístico en el discurso, y por tanto el valor de cambio, se dejó entrever una vía que solo el paso del tiempo se encargó de mostrar: el valor de uso sólo es posible con valor de cambio. Aunque si aquí una acción tiene algún sentido, la que Hidalgo siempre nos propone no es otra que la falta del mismo.

 

Lo que en su comienzo fue algo provocador se convirtió en redundante, pero ahí estaba el recurso de lo irónico, el requisito sagrado para negar esa fama. Una obra y vida que converge en esa ironía, la cual establece una distancia con la posibilidad de cambio de la por desgracia real distopía. Partiendo de la subversión de los tradicionales roles de género o la disidencia sexual, y tomando el relevo de la transformación social cuando paradójicamente estos parecían estar más a la mano que nunca tras cuarenta años de dictadura. Pero esto solo refuerza el discurso. Un discurso que a través de su característica y fina imagen erótica, vocea una actitud tan abyecta como la presente en lo más hardcore del género.

 

La amplia trayectoria de su carrera se puede apreciar desde la singularidad de una sola obra, como Hombre, Mujer y Mano (1977). El devenir de los actos que reflejan consciencia, no prudentes, muestran el abismo de la crudeza en sus fieles escenas, a partir de las cuales desprende su liberación mediante el ridículo compromiso, que en ocasiones se muestra crítico mediante la atmósfera de sus objetos totémicos, tales como Piano republicano (1990) o Piano canario irregular (1997). Éstos siempre impasibles, nos recuerdan en su quietud el grito afónico y la visión clara, a la vez que incierta - como no, manteniéndose lúcido a través de su ironía -, el olor a lo esencial en el buen generador.

 

Su trabajo ha sido distinguido con la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes del Ministerio de Cultura en 1989, el premio Canarias 1987 de Bellas Artes e Interpretación, con la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid en 2001 y ahora con el Premio Nacional de Artes Plásticas 2016. En nuestro lugar, por tanto, lo único que nos toca es agradecer el papel como espectadores, contemplando mediante el acto de la ocurrente percepción, a veces absurda y otras no tanto. 

LA PROVINCIA. 19 de mayo 2016 (ESPAÑA)

Néstor de la Torre: Epitalamio Proto-Queer

Hablar de Néstor de la Torre, y concretamente de una pieza del estilo de Epitalamio, es para el estudioso del arte que lo conoce algo que roza un tabú de lo más absurdo. Sus piezas, a pesar de estar profundamente relacionadas con sus raíces, siendo siempre en su estudio de la capital grancanaria el lugar de mayor producción del artista, desprenden una atmósfera sino poco convencional para un pintor de ese entonces con dicha procedencia, si un simbolismo que quedó plasmado mas allá de lo gráficamente apreciable.

Epitalamio, o como lo subtituló de la Torre, Las bodas del príncipe Néstor, es una de sus piezas de gran formato que se encuentra expuesta en su pinacoteca del Pueblo Canario, ambicioso proyecto diseñado por el propio artista y llevado a cabo por su hermano y arquitecto Miguel Martín Fernández de la Torre. En dicha obra, realizada allá por 1909, podemos contemplar una armoniosa composición de figuras humanas acogidas por una destreza edificativa y decorativa admirable, a la par que sus representaciones anatómicas, en las cuales, el retrato del artista es el foco de atención, sobre todo las facciones y lo corpóreo reflejado en la figura “femenina”, caracterizada con los rasgos del propio Néstor. Hablamos de un simbolismo de lo más obvio hoy en día, incluso bajo la acción de tal escena y el título de la obra, cuyo término viene dado desde la antigüedad, siendo el epitalamio una especie de canto de carácter poético interpretado en bodas.

 

Tal obviedad se esfuma en una sociedad científica y colonialista como la de entonces, pero que considero fundamental reaparezca en nuestro siglo, bajo unos no tan nuevos conceptos siempre presentes en el artista, pero quizás no revisados con actualidad en el mismo. Me pregunto, ¿qué hay de Teoría Queer en de la Torre?, probablemente mucho más que ese obvio travestismo cargado de carácter simbólico, quizá entre esa cálida y envolvente atmósfera se encuentre un precursor de la potentísima teoría que hace ya décadas identifica a una gran parte de la sociedad cultural en el mundo. En palabras del filosofo Paul B. Preciado, “Vivimos en la Hipermodernidad Punk: ya no se trata de revelar la verdad oculta en la naturaleza, es necesario explicitar los procesos culturales, políticos, etc. a través de los cuales el cuerpo adquiere su estatuto natural.” Naturalidad que en los cuerpos adultos de Epitalamio parecen provenir de lo más intimo.

 

Representación de transgénero que ha estado presente a lo largo de la Historia del Arte en los personajes más relevantes, siendo éste uno de esos casos en los cuales las reconstrucciones apestan a franqueza, brotan desde lo recóndito hacia una visión censurada por naturaleza, plasmándose de manera casi carnavalesca.

 

Aún recuerdo unos grabados en espejo de lo mas hortera que corrían por mi casa en los que aparecían las figuras masculinas del Poema de la Tierra, cuerpos masculinos retozándose que fijaron en mi esa imagen pre-pornográfica, la cual me ha llevado a realizar esta micro investigación, imágenes que incluso sin ser disgregadas de su contexto podrían ser actualmente avatares de una cultura Queer, eso si, de lo mas kitsch. Podríamos decir incluso que el cuerpo como objeto de deseo y bajo el ocultismo simbolista del autor de dichas obras y sus representaciones que rozan el Soft-porn, el cuerpo aparenta ser tratado como el objeto Pop de Warhol, pero un objeto al que se le tiene afecto. Ese aroma carnavalesco que cité anteriormente y que combina a la perfección con la reconstrucción artificial podría ser el que convierte al Néstor de la Torre modernista y simbolista, en un punky cohibido inconscientemente.

 

En 1983 la distrofia de género (transexualidad), se incluye en la lista del DSM como enfermedad y fue en 1910 cuando Epitalamio representó a España en la Exposición Universal de Bruselas. Dicha obra no fue concebida en su origen para tal evento, su contenido creó escándalo en la sociedad artística Barcelonesa, lugar en el que se presentaban las obras propuestas para representar a España en su pabellón, y gran rechazo del jurado. Epitalamio estaba rodeado por cuadros burgueses, paisajes y simbolismo romántico, un escenario perfecto en el que destacar, aunque a pesar de reconocer su facilidad por componer, la critica lo tachó de esnob al revelar en su trabajo reminiscencias propias del Museo y de las revistas de entonces.

 

El transgénero glorificado por Néstor de la Torre en dicha pieza podría derivarnos incluso hacia detecciones en cuanto a diferencias religiosas mediante los signos corporales más que evidentes, pero dejando esto de lado, quizá esa atmósfera repleta de embriaguez casposa pero inmersa en un aire que podemos calificar como Proto-Queer esté potenciada por ese esnobismo que brota de la desaprobación de tal término. Esto se refuerza en nuestros días por el más que deseable juego institucional y su figura en nuestra propia memoria cultural, y por supuesto el papel de gran desconocido que por desgracia mantiene dentro y fuera de las islas, bajo una promoción y gestión deficiente llevada a cabo por los responsables del Museo Néstor a lo largo de su actividad, manteniendo a una de las figuras más importantes de las artes plásticas canarias en las sombras de los callejones de la memoria y nuestra cultura visual, por no hablar del sitio web del museo, algo indudablemente vital en nuestra época que luce completamente desfasado. Y es que por muy pre-outsider y todavía inconsciente fiel de la Teoría Queer que pudiera ser Néstor, dudo que se hubiese mantenido tan alejado y fuera de onda de los circuitos culturales y artísticos de la escena actual.